Ainoa Pascual

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N.º 04IA

Hay webs que se abren para ti y se cierran para ChatGPT

Me ha pasado dos veces en dos meses y en dos sectores distintos: abro una web en el navegador y funciona, la abro desde un servidor y rechaza la conexión. Para una IA, esa web no existe.

7 de agosto de 2026

Me ha pasado dos veces en dos meses, en dos sectores distintos, y las dos veces por accidente.

La primera fue en julio, comprobando webs de inmobiliarias. Un programa me marcó una como caída. La abrí en el móvil y funcionaba perfectamente — es más, tenía justo lo que yo estaba buscando. No estaba caída: bloqueaba los accesos automáticos.

La segunda fue esta semana, con estudios de arquitectura. Una de las webs que abrí en el navegador cargó sin un problema. Cuando intenté leerla desde un servidor, rechazó la conexión. Cuatro veces seguidas.

Las dos veces la conclusión fue la misma, y es la única razón por la que escribo esto:

Esa web se abre para una persona y se cierra para una máquina.

Y hoy, cada vez más, quien te busca primero es una máquina.

El problema no es el que tú crees

Cuando alguien te habla de aparecer en ChatGPT, casi siempre te habla de contenido: escribe más, escribe mejor, responde a lo que la gente pregunta.

Todo eso es cierto y todo eso es la segunda mitad.

La primera es más tonta y más grave: que te puedan leer. Y esa parte no se arregla escribiendo mejor, porque el problema ocurre antes de que nadie llegue a leer nada.

Son dos condiciones distintas y hay que pasar las dos.

Uno: que te puedan leer

Una IA que busca información va a tu web con un programa, no con un navegador. Si tu servidor está configurado para desconfiar de todo lo que no parezca una persona, ese programa se queda fuera.

Es un ajuste que muchas veces ni siquiera decidiste tú. Suele venir puesto por el alojamiento o por un plugin de seguridad, con buena intención: frenar a los robots que rascan contenido. El efecto colateral es que frena también a los que te citarían.

Hay una segunda forma de quedarte fuera sin saberlo: que tu web se pinte entera con JavaScript en el navegador de quien la visita. Si el texto no llega ya montado desde el servidor, hay lectores automáticos que reciben una página en blanco. Tú la ves preciosa. Ellos ven nada.

Y hay una tercera, esta sí decidida por alguien: el archivo robots.txt, que es donde le dices a cada programa si puede entrar. Si ahí están bloqueados GPTBot, OAI-SearchBot, ClaudeBot o PerplexityBot, has cerrado la puerta a mano.

Dos: que te puedan citar

Superada la puerta, viene lo otro.

Un buscador clásico te devuelve una lista de enlaces y tú decides en cuál pinchas. Una IA no hace eso: te da una respuesta y, con suerte, dice de dónde la ha sacado.

Eso cambia la unidad de medida.

Una IA no cita una web. Cita un párrafo.

Y de ahí sale la única regla que importa: cada respuesta tuya tiene que sostenerse sola. Si para entender un párrafo hay que haber leído los tres anteriores, ese párrafo no se puede extraer, y si no se puede extraer no se cita.

Es exactamente lo contrario de cómo está escrita la mayoría de las webs, que son un texto continuo pensado para leerse de arriba abajo.

Las tres formas de no existir

Esta semana abrí siete webs de estudios de arquitectura de mi zona. No cito nombres: lo que me interesa es el patrón, no señalar a nadie. Los tres casos que encontré están en cualquier sector.

La que no deja entrar. Es la que te contaba arriba. Funciona en tu navegador, rechaza la conexión desde fuera. Puedes tener el mejor texto del mundo: nadie de fuera lo va a leer nunca.

La que lo esconde detrás de un «Leer más». Esta es la que más rabia da. En una revisión anterior me encontré con un estudio que tenía, de largo, el mejor texto de su sector: hablaba del miedo de su cliente, de los plazos, de lo que cuesta decidirse. Estaba todo plegado detrás de un botón. Su página de inicio devolvía setenta y siete caracteres de texto legible. Menos que este párrafo.

La que no tiene nada que leer. De las siete, la mejor hecha con diferencia era una web a medida, con su tipografía cuidada y sus transiciones. Impecable. Y en toda la web no hay una sola explicación de cómo trabajan, qué incluye su servicio ni cuánto tarda nada. Una máquina entra sin problema, mira, y no encuentra ninguna frase que merezca la pena repetir.

De las siete, solo dos tenían una sección de preguntas frecuentes. Dos de siete.

Por qué las preguntas frecuentes son la pieza que falta

Es la sección más aburrida de una web y la que casi nadie escribe. Y resulta que es exactamente la forma que mejor le viene a una IA: una pregunta, y debajo su respuesta completa.

No hace falta que te lo creas por lo que yo diga. Piensa en cómo le preguntas tú a ChatGPT. No escribes «arquitecto Murcia». Escribes «¿cuánto suele cobrar un arquitecto por una reforma?».

Si en tu web hay un bloque cuyo título es esa pregunta, con la respuesta debajo, tienes algo que se puede citar. Si tienes una página que se llama «Servicios» y dentro un párrafo donde eso se menciona de pasada, no.

Tres cosas que hacen que funcione, y ninguna es cara:

  1. Que el título sea la pregunta literal que hace la gente, no un epígrafe. «¿Cuánto tarda una licencia de obra?», no «Plazos».
  2. Que la respuesta esté debajo y se entienda sola, sin depender de nada anterior.
  3. Que no esté plegada detrás de un desplegable que solo se abre al hacer clic.

Y si tu web lleva marcado de datos estructurados —FAQPage, de schema.org—, mejor. Pero eso es el adorno. Lo de arriba es la casa.

Qué puedes comprobar tú esta tarde

Sin herramientas y sin que te venda nada nadie:

Escribe tu dominio seguido de /robots.txt en el navegador. Si ves ahí GPTBot, ClaudeBot, PerplexityBot o similares con un Disallow, alguien cerró esa puerta.

Pregúntale a ChatGPT por tu sector y tu ciudad, como lo preguntaría un cliente. No por tu nombre — por tu nombre te encontrará casi seguro. Pregunta «recomiéndame un [lo que tú seas] en [tu ciudad]» y mira si sales.

Abre tu página de inicio y cuenta el texto real. No los titulares de la foto grande: el texto. Si lo que hay se lee en diez segundos y la mitad está detrás de botones, ya sabes qué va a encontrar quien te busque.

Y mira si tienes preguntas frecuentes. Si no las tienes, es lo más barato que puedes hacer esta semana.


Ninguna de estas tres cosas es un problema de diseño. Las tres webs de las que hablo están bien hechas: una de ellas está mejor hecha que la mayoría de las que verás hoy.

El problema es que se montaron para que las mirase una persona. Y hoy, antes que la persona, llega otra cosa.

Cómo lo comprobé

Las siete webs las abrí a mano, una por una, en el navegador. Después intenté leerlas desde un servidor, que es lo más parecido que tengo a cómo llega un lector automático.

Del caso que rechaza la conexión sé esto con certeza: su dominio resuelve bien, Google la tiene indexada con varias páginas, carga perfectamente en un navegador normal, y desde un servidor rechazó la conexión las cuatro veces que lo intenté, tanto por el puerto seguro como por el normal.

Lo que no he comprobado es con qué identificación exacta entra cada rastreador de IA ni si a todos les pasa lo mismo. Lo razonable es pensar que sí, porque el bloqueo parece ser por el tipo de conexión y no por quién dice ser. Pero razonable no es lo mismo que verificado, y prefiero decirlo.

Saludos y hasta la vista!

Siete webs de estudios de arquitectura de la Región de Murcia, revisadas el 7 de agosto de 2026. El caso de la inmobiliaria es del 28 de julio de 2026, sobre una revisión de 51 webs. No cito nombres a propósito.

Ainoa Pascual

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