Ainoa Pascual
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N.º 09 Empresa y ventas

Meter la nariz sin meter las manos

Una metodología común también necesita espacio para escuchar al equipo, probar mejoras y acompañar una iniciativa sin decidir cada detalle.

26 de septiembre de 2026

¿Tan difícil es darle margen a un equipo para mejorar su forma de trabajar?

No entiendo a las empresas que piden iniciativa, pero dejan poco espacio para desarrollarla. Que tienen personas haciendo el trabajo cada día y apenas se detienen a escuchar lo que encuentran, lo que les dificulta avanzar o lo que creen que podría funcionar mejor.

Una empresa necesita una estrategia, una metodología y unos pasos comunes. En ventas o en atención al cliente, por ejemplo, debe estar claro qué información se da, qué compromisos se pueden asumir y cómo continúa cada conversación. El cliente tiene que poder esperar una atención coherente, independientemente de quién le atienda.

También cada persona del equipo necesita conocer sus responsabilidades, los objetivos y los criterios con los que se valora su trabajo. La disciplina y el método forman parte de esa base.

Dentro de ese marco, me parece necesario que exista espacio para investigar, proponer y probar.

Una persona puede detectar dónde se atascan las conversaciones con los clientes. Puede encontrar una forma de explicar mejor una propuesta o plantear una idea de captación. Quizá ha dedicado tiempo a observar el problema, contrastar opciones y preparar algo que podría ayudar al equipo.

Me cuesta entender que esa aportación termine en un «aquí se hace así», sin una conversación sobre lo que propone.

Habrá ideas que no encajen. Otras necesitarán ajustes, recursos o una prueba antes de incorporarse al proceso. Escucharlas permite conocer el razonamiento y explicar también las limitaciones que quien propone quizá no está viendo.

Esa conversación me parece parte del trabajo de dirección.

Importa saber qué se quiere mejorar, qué debe mantenerse y cómo se comprobará si la propuesta funciona. También importa que la persona tenga espacio para desarrollarla, hacerse responsable de lo que ha empezado y aprender durante el proceso.

Meter la nariz sin meter las manos.

Para mí, significa interesarse de verdad. Preguntar cómo avanza una prueba, entender las dificultades, revisar los resultados y reconocer la aportación. Acompañar sin acabar decidiendo cada frase, cada ajuste y cada detalle por la otra persona.

Si una iniciativa vuelve constantemente a manos de quien dirige, hasta el punto de que quien la propuso solo puede ejecutar instrucciones, me cuesta ver qué margen queda para su desarrollo.

Ese margen también exige responsabilidad por parte de quien lo recibe: respetar lo acordado, explicar qué está haciendo y aceptar que una idea puede necesitar cambios. La confianza necesita que ambas partes puedan hablar con claridad sobre lo que está ocurriendo.

Y cuando una mejora funciona, me parece importante compartirla y reconocer de dónde ha salido. Que pueda enriquecer el método del equipo y que la persona que la ha desarrollado vea que su aportación cuenta.

He trabajado para muchas personas, y las limitaciones que he encontrado me han enseñado mucho sobre cómo quiero trabajar con los demás. Por eso me importa que alguien con ganas de aportar encuentre una conversación y una posibilidad real de desarrollar su idea.

Me interesa una metodología que dé orden al trabajo y permita escuchar a quienes lo hacen. Que haya exigencia, seguimiento y espacio para crecer.

No sé cómo lo vivís desde vuestro lugar. Me gusta leer ambas perspectivas: la de quienes proponéis mejoras y la de quienes tenéis que decidir si se prueban.

¿Qué hace que una idea encuentre espacio en vuestro equipo y qué suele frenarla?

Ainoa

Ainoa Pascual

Escribo sobre inteligencia artificial, normativa y empresa para entender antes de decidir. Sobre mí

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